William Buckland

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El 14 de agosto de 1856, en Oxfordshire, Reino Unido, moría el hombre que descubrió la existencia de una especie extinta desconocida hasta ese momento, los dinosaurios, ese día se apagaba la vida de William Buckland. Nacido en Devonshire el 12 de Marzo de 1784, su infancia transcurrió entre una ferviente educación católica y una pasión por la ciencia y la geología inculcada por su padre en largas caminatas por canteras y cuevas.

Si dualidad académico eclesiástica le permitía replantearse ideologías y postulados, mientras en el Corpus Christi College defendía el creacionismo y el diluvio universal, se especializaba en geología y mineralogía para confirmar o rebatir sus creencias. Sus estudios le permitieron ir modificando su fe, primero reinterpretó la palabra «creación» como un proceso prolongado de modificaciones geológicas y biológicas que crearon el entorno del hombre y luego dudando del proceso de evolución de los animales se interesó en la vida antidiluviana.

En 1818 fue elegido miembro de la Royal Society, su nueva pasión por la paleontología lo llevaría a hacer uno de los descubrimientos mas revolucionarios de la ciencia. El 26 de Octubre de 1824, en una cantera de pizarra de Oxfordshire descubre un gran diente unido a una pequeña porción de maxilar, intrigado por su origen decide profundizar la excavación hasta encontrar un trozo de maxilar inferior de lo que catalogó como proveniente de un gigantesco reptil. William no encontró animal alguno del que pudiera proceder ese fósil, por ello lo bautizó «Megalosaurus» (gran lagarto) basándose en esquemas óseos de animales similares en pocos días elaboró una descripción completa del reptil y realizó bocetos de su teórica apariencia en vida.

La presentación de su descubrimiento causó sensación en la Geological Society of London que lo nombró presidente, cuando aún no se habían repuesto de su descubrimiento, un año después, Gideon Mantell presenta un descubrimiento similar, el «Iguanodón», dando origen a una nueva rama de la paleontología. En la continuidad de sus estudios se trasladó a Suiza para entrevistar a una eminencia de la geología, Louis Agassiz, este pulverizó sus teorías diluvianas y le dio otras explicaciones posibles sobre las anomalías geológicas, desgastes y fragmentaciones que William le mostró, nacía la teoría de la «glaciación».

Sus nuevas y acertadas revelaciones fueron publicadas en libros y artículos científicos que se transformaron en la base de nuevas teorías y descubrimientos. En 1849 contrajo una variedad de Tuberculosis que fue mellando su salud y espíritu, haciendo que sus últimos años de vida fueran un verdadero calvario, la muerte lo encontró el 14 de agosto de 1856. Mas de 30 años antes, el geólogo Richard Whatley, un gran admirador de su trabajo dijo «- Cuando veamos a nuestro gran profesor morir diremos ¿Que en paz descansen sus huesos?, si le enterramos en un rocoso sepulcro se levantará, romperá las piedras y examinará cada estrato de alrededor, porque él estará en su elemento».

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