«USS Indianápolis».

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El 29 de Julio de 1945, en el mar de Filipinas se producía una de las catástrofes navales más extrañas y macabras de la historia, ese día, un submarino japonés hundía el crucero pesado «USS Indianápolis». El crucero clase Portland fue fabricado en 1931 en los astilleros Camdem en New Jersey, al estallar la Segunda Guerra Mundial fue asignado al Frente del Pacífico oriental donde participó de las batallas de Port Moresby, Amchitka, Saipán, Kwajalein e Iwo Jima, un avión japonés Kamikaze lo dañó severamente por lo que fue remitido a los astilleros en Mare Island para su reparación.

Paralelamente en Alamogordo, Nuevo México, dentro del secretísimo proyecto Manhattan se realizaba la prueba de una nueva arma letal, la bomba atómica, el éxito de los ensayos provocó que se tomara la decisión de utilizarla en el conflicto con Japón. Se necesitaba llevar al pacífico el material fisionable (Uranio 235) para el armado de la bomba «Little Boy» (Utilizada en Hiroshima), el buque de guerra más cercano era el USS Indianápolis, ya reacondicionado y modernizado. El contralmirante Charles Butler McVay III, sin hacer preguntas, debió cargar en el hangar del crucero misteriosos contenedores de plomo. William Parsons, director del Proyecto Manhattan le dio las órdenes a McVay, viajar a máxima velocidad sin escolta hasta el atolón de Tinian, no realizar transmisiones radiales, no ingresar al hangar, en caso de siniestro arrojar la carga al océano antes que cualquier bote, todo esto bajo la amenaza de pena de muerte.

El USS Indianápolis entregó la carga sin novedad el 26 de Julio de 1945, la misión recién terminaría al llegar a Guam donde se pondría a cargo de almirante Mac Cormick para planear la invasión de Japón. Sin bitácora ni aviso alguno (Solo lo sabía el oficial itinerario Oliver Naquin), partió en zig zag por aguas hostiles, aunque a poco de partir y para llegar más rápido a destino comenzó a navegar en línea recta. La noche del 29 de Julio, fue interceptado por un submarino japonés al mando de Mochitsura Hashimoto que lo hundió con tres certeros torpedos, pese a que el USS Indianápolis no pudo emitir señal de auxilio, Hashimoto avisó al alto mando naval japonés del hundimiento de un buque enemigo, los EEUU interceptaron la transmisión, pero al no tener noticias de ningún crucero propio en esas aguas desecharon el mensaje.

De los casi 1200 tripulantes, 880 pudieron saltar al agua, las escasas balsas hicieron que la mayoría quedara solo flotando con sus salvavidas, sin nadie que los esperara su destino era esperar un milagro. Pese a que sus preocupaciones eran sus heridas, las quemaduras, la insolación, el hambre y la sed, se toparon con otros problemas, por la ingesta de agua salada, muchos marinos tuvieron alucinaciones, por ello atacaron y asesinaron a varios de sus compañeros. Lo peor llegó la noche del 31 de Julio, allí aparecieron los primeros tiburones oceánicos de puntas blancas que atacaron a los desprevenidos que flotaban en salvavidas, varias decenas ellos murieron esa noche.

El amanecer los encontró flotando en aguas teñidas de rojo, decidieron turnarse para subir a los botes y los que quedaban en el agua formaban grupos nutridos que al llegar los tiburones pataleaban sin parar, de nada servía, en 4 días 564 marineros fueron devorados. La mañana del 2 de Agosto, un avión de patrullaje los descubre por casualidad y da aviso, un hidroavión Consolidated PBY Catalina y el destructor USS Cecil Doyle los rescataron de una muerte segura, entre los 316 sobrevivientes se encontraba el capitán McVay.

El alto mando naval eludió su responsabilidad utilizando al contralmirante como su chivo expiatorio, fue juzgado y encontrado culpable de la tragedia por abandonar la navegación en zig zag, fue degradado y confinado a tareas administrativas hasta que en 1968, agobiado por la culpa se quitó la vida. En el año 2000, el presidente Bill Clinton hizo revisar su caso y post mortem Charles Butler McVay III recuperó su cargo de contralmirante.