Rendición incondicional del Imperio del Japón

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El 2 de Septiembre de 1945, a bordo del acorazado USS Missouri, el representante de las fuerzas armadas General Yoshijirō Umezu y el Ministro de relaciones exteriores Mamoru Shigemitsu en nombre de la población civil, firmaban la rendición incondicional del Imperio del Japón, hecho que determinaba la finalización formal de la Segunda Guerra Mundial. Los planes expansionistas de Japón chocaban con la presencia de los EEUU en el Pacífico, creyendo que la guerra continental europea contra el nazismo le consumiría la mayor parte de sus recursos bélicos decidieron el ataque a Pearl Harbour para forzar un arreglo o pacto, esto nunca ocurrió.

Las armadas de los EEUU y el Japón libraron memorables batallas como las del Mar de Coral, Midway, Guadalcanal, Saipán, Mar de Filipinas y Golfo de Leyte, estas últimas ya con un dominio aplastante de las fuerzas aliadas. En busca de una base cercana al territorio japonés que les permitiera incursiones de bombarderos y una futura invasión, EEUU se lanzó a la conquista de Iwo Jima y Okinawa, pese a lograrlo las pérdidas humanas y materiales fueron devastadoras. En 2000 años de historia, el Imperio japonés nunca había perdido una guerra ni había sufrido una invasión en su territorio por lo que el pueblo culturalmente jamás hubiera considerado una rendición, el emperador y sus fuerzas armadas querían honrar ese mandato y estaban dispuestos a enfrentar la aniquilación si fuera necesario.

La conferencia de Postdam entre EEUU, Reino Unido y la URSS había elaborado un documento en el que le exigía a Japón la rendición incondicional, estos retrasaban la respuesta esperando una confirmación de la neutralidad soviética. La heroica defensa japonesa y los sacrificios humanos aliados en pos de la victoria no fueron necesarios, las bombas de Hiroshima y Nagasaki pulverizaron las ciudades, decenas de miles de vidas y las esperanzas de resistencia. Cuatro días después de Nagasaki, el gobierno japonés estaba a punto de rendirse, sin embargo altos mandos militares aún se resistían e intentaron un golpe de estado que fue sofocado por el comandante Shizuichi Tanaka, quién avergonzado por defender la rendición se suicidó antes de concretarse.

Ante la amenaza de una tercera bomba, el 14 de agosto el gobierno japonés comunica a los aliados la aceptación de los términos de la rendición que finalmente se firmarían el 2 de Septiembre, al día siguiente el emperador Hirohito habló por primera vez por radio al país para comunicarles la decisión. El representante de las fuerzas armadas General Yoshijirō Umezu y el Ministro de relaciones exteriores Mamoru Shigemitsu subieron al acorazado USS Missouri anclado en la Bahía de Tokyo donde firmaron la rendición incondicional.

El emperador Hirohito se reunió con el general MacArthur para asumir toda la responsabilidad por los crímenes de guerra cometidos por sus fuerzas armadas, sin embargo para no resquebrajar aún mas la moral japonesa se decidió no acusarlo y mantener su estatus de emperador. Las medidas tomadas por las fuerzas de ocupación fueron mucho mas laxas que las tomadas para Alemania, se juzgaron los crímenes de guerra contra los pueblos chinos, taiwaneses, coreanos y filipinos y se desactivaron las fuerzas armadas y se eliminaron las escuelas militares.

Se prohibieron las agresiones físicas y verbales contra la población por parte de las fuerzas de ocupación, estas tampoco podían consumir alimentos producidos en Japón solo destinados a la población local, se mantuvo el derecho a ondear la bandera Hinomaru y salvo contadas excepciones se respetaron las patentes industriales y medicinales.