«Los años de plomo».

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El 2 de Agosto de 1980, en la estación ferroviaria de la ciudad de Bologna se producía el mayor atentado terrorista del país desde el final de la Segunda Guerra Mundial que costó la vida de 85 personas. A principio de los años ’70 se iniciaba un período convulsionado de la vida política e institucional de Italia, breves gobiernos, escasa representatividad y un abierto enfrentamiento entre el comunismo y la extrema derecha, período conocido como «Los años de plomo».

Dentro de ese ambiente, el 4 de Agosto de 1974 se produjo la matanza del Italicus, un tren que unía Roma con Munich que produjo 12 muertos adjudicado a la extrema derecha vinculada a la Logia P2, esto provocó un pánico generalizado a viajar en tren. En vísperas del sexto aniversario de ese atentado, el 2 de Agosto de 1980 a las 10:25 una violenta explosión en la sala de espera de la estación de Bologna hizo desaparecer una sección de la estación alcanzando a una formación que se encontraba próxima a partir del andén 1, el tren Ancona-Chiasso.

El saldo fue de 85 muertos y mas de 200 heridos, en un principio las autoridades atribuyeron la explosión a una caldera ubicada en el subsuelo de la sala de espera, pero pronto esa versión fue perdiendo entidad. Las autoridades y fuerzas de seguridad Italianas utilizaban la conocida táctica de «Strategia della tensione» que constaba en plantar pruebas para inclinar la opinión pública y así presionar a la justicia en fallar en ese sentido, por eso no extrañó que en un principio se bregara por un accidente y luego acusaran a las brigadas rojas.

La formación de la «Asociación de familiares de víctimas de la matanza de la estación de Bolonia» logró impulsar una seria investigación que determinó la culpabilidad de la organización terrorista de extrema derecha Ordine Nuovo, Licio Gelli de la Logia Masónica Propaganda Due y dos miembros del servicio secreto militar italiano. La elección del lugar del atentado se debió a que Bologna era un bastión del partido comunista Italiano. En 1995 los terroristas neofascistas Valerio Fioravanti y Francesca Mambro fueron condenados a cadena perpetua mientras que varios miembros del SISIMI y la P2 fueron condenados a penas menores. La zona destruida de la estación no fue restaurada, se mantiene como monumento de la tragedia y los relojes de esa sección permanecen detenidos a las 10:25.