Hugo Boss.

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El 8 de Julio de 1885, en Metzingen, reino de Wurtemberg, nacía un sastre y empresario que salvó su empresa de la bancarrota al ser seleccionado para la confección de los uniformes de quienes sembrarían el terror en toda Europa, ese día llegaba al mundo Hugo Boss, el proveedor de uniformes de la Alemania Nazi. Hugo Ferdinand Boss era un próspero sastre que luego de estudiar, perfeccionarse y trabajar en varios talleres textiles del sur de Alemania, en 1924 funda la empresa «Hugo Boss».

Gozó de algunos años de prosperidad, donde sus 20 empleados confeccionaban entre otras prendas los uniformes de los empleados del correo de Stuttgart y los impermeables para la policía. En esos años Hugo Boss no tenía actitudes que hicieran prever sus futuras acciones, tenía empleados y proveedores judíos, rusos, comunistas y anarquistas. La crisis de los años 30 lo dejó en bancarrota, de común acuerdo con sus acreedores solo conservó 6 máquinas y con solo un par de empleados fabricaba guantes y gorros.

En esos años comenzó a frecuentar reuniones del partido nazi, como empresario que era, le atraían sus ambiciosos planes de recuperación de la industria nacional alemana, al poco tiempo se afilió al Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei recibiendo el carnet N° 508.889. Por sus crecientes y estrechas relaciones con dirigentes del partido, en 1934 recibe su primer encargo, miles de uniformes para la «Sturmabteilung», mas conocida como «Las camisas pardas». Pese a tratarse solo de uniformes, la calidad de sus confecciones hicieron se le encargara no solo la confección de uniformes de gala, sino también que interviniera en el diseño de los uniformes de todas las reparticiones oficiales.

Para 1936 ya confeccionaba los uniformes de la «Schutzstaffel» (SS), las juventudes hitlerianas y las primeras versiones para la Wehrmacht, esto lo convertía en uno de los empresarios más prósperos del país. Al estallar la guerra, Himmler y Goebels tomaron las riendas del diseño y Boss solo los confeccionaba, para la gran demanda que ahora incluia, guantes, gorros, bolsos, ropa interior y calcetines se le asignaron unos 200 trabajadores forzados judíos, en su mayoría mujeres con experiencia textil.

Finalizada la guerra no pesaban sobre él denuncias de abusos, maltratos ni crímenes de guerra, pero en 1946 se lo incluyó en un listado de estrecho colaboradores y beneficiarios del régimen Nazi por lo que fue condenado a pagar una multa de 100 mil marcos y la pérdida de voto en el directorio y la prohibición de participar en las decisiones de mercado, solo mantuvo el mercado accionario que de todos modos le traería grande ganancias. Lamentablemente para él, falleció solo 2 años después, su empresa sobrevivió aunque le ha costado mucho despegarse de su pasado, que es recurrentemente recordado por sus competidores con campañas en redes sociales.