“Experimento Tuskegee”

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El 28 de Agosto de 1932, en una ciudad del estado de Alabama, EEUU, se iniciaba un experimento que terminó siendo una de las páginas más negras de la historia de la medicina, ese día comenzaba el “Experimento Tuskegee”. En los años ’30 la epidemia de Sífilis causaba estragos en la población masculina de los EEUU, sumado a esto, los tratamientos eran demasiado tóxicos, peligrosos e ineficaces. El Departamento de Enfermedades Venéreas del Servicio Público de Salud de Estados Unidos decidió hacer un experimento de seguimiento en una de las regiones más afectadas por la enfermedad, Alabama, más precisamente en la ciudad de Tuskegee.

Allí se eligieron 400 varones jóvenes enfermos y 200 sanos para hacer un seguimiento de los tratamientos y su evolución, con una particularidad, todos eran afroamericanos. Para lograr su consentimiento por escrito se les prometió tratamiento médico gratuito, transporte a la clínica, comidas y un seguro de sepelio en caso de fallecimiento. Los responsables del experimento eran los doctores Taliaferro Clark, Eugene Dibble, Kario Von Pereira Bailey, Raymond Vonderlehr, John Heller y la enfermera Eunice Rivers, la única que tomaba contacto con los pacientes. Luego de 15 años de tratamientos inútiles, en 1947 se confirmaba el éxito de la Penicilina en el tratamiento de la Sífilis, sin embargo los responsables del experimento decidieron ocultar a los pacientes esa información continuando con el experimento original.

En 1966 el Dr. Peter Buxtun, descubre que el experimento seguía activo y emplaza a los responsables de concluirlo, a lo que le contestan que estaban en ese proceso, pero cuando en 1972 se percata que aún estaba vigente decide filtrarlo a la prensa. El escándalo mediático y científico llevaron a sus responsables ante el gran jurado, pero ya era tarde, solo 74 seguían con vida y se había creado una generación de niños con Sífilis congénita. Durante el proceso, el Dr Heller sorprendió diciendo “-La situación de esos hombres no justificaba el debate ético, ellos eran sujetos, no pacientes, eran material clínico, no personas enfermas”.

El juicio culminó con la pérdida de las matrículas de los directores del proyecto y una indemnización para los sobrevivientes, luego se elaboró el “Informe Belmont” que se entregó al congreso para dictar leyes de protección de pacientes y regulación de experimentos. Hoy en día dentro del US Department of Health & Human Services, existe la OHRP (Office for Human Research Protections) que vigila todos los experimentos médicos dentro del territorio de los EEUU, por ello los laboratorios trasladaron sus experimentos a África, Asia y América Latina.