«ETA»

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El 13 de septiembre de 1974, en el número 4 de la calle del Correo, en cercanías de la sede madrileña de la Dirección General de Seguridad, la banda terrorista «ETA» detonaba una potente bomba que causaba la muerte a 13 personas, a ese hecho se lo recuerda como el «Atentado de la cafetería Rolando». En 1974 la salud del dictador Francisco Franco estaba muy deteriorada, para no mostrar debilidad comenzó a delegar decisiones en funcionarios mas jóvenes y enérgicos, pero sin el mas mínimo interés en entregar el gobierno al poder civil.

Aparte de su estado de salud, varios acontecimientos mellaban el poder franquista, la revolución de los claveles en Portugal, la creación de un renovado Partido Comunista Español, la resistencia de los estudiantes a las reformas universitarias y una creciente crisis económica. En este marco las organizaciones clandestinas vieron la oportunidad de recuperar el protagonismo perdido, la organización terrorista nacionalista vasca «ETA» (Euskadi Ta Askatasuna), que nunca abandonó la lucha armada, planeaba un gran atentado en el Dirección General de Seguridad Española, símbolo del poder de Franco, las dificultades operativas debido a la infranqueable seguridad del lugar y el escaso apoyo de la red madrileña que los apoyaba los hizo fijarse en el lugar público mas cercano con posibilidades de realizar un atentado.

El lugar elegido fue la cafetería Rolando, ubicada sobre la calle del Correo y a pasos de la Puerta del Sol, allí era muy común la presencia de efectivos de seguridad y militares, sin embargo no todo saldría como estaba planeado. A las 13:54 del 13 de septiembre de 1974, una bomba de dinamita y metralla sacudió el interior de la cafetería Rolando provocando 13 muertos y 70 heridos. El macabro conteo de víctimas demostró que el atentado había sido contra la población civil madrileña ya que de los 12 muertos iniciales ninguno era militar, recién años después a causa de las heridas recibidas muere el inspector Félix Ayuso Pinel, la decimotercera víctima fatal.

La lista de muertos mostró que se trataba de docentes, mecánicos, telefonistas, panaderos, comerciantes, cocineros, turistas y estudiantes, esto dio un duro golpe a la imagen interna y externa de «ETA» que derivó en divisiones internas, traiciones y arrepentimientos que llevaron a detenciones y la casi desarticulación de la rama madrileña de la organización.