«Encuentro de Guayaquil».

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José de San Martín y Simón Bolívar, los dos máximos exponentes de la lucha contra la dominación española en América, se reunían en lo que se conoce como el «Encuentro de Guayaquil». Las historias recientes de ambos militares eran muy distintas, Bolívar venía de consolidar la independencia de la «Gran Colombia», que en ese entonces cubría también los territorios de las actuales Venezuela y Ecuador, y estaba dispuesto a dar la estocada final a los ejércitos realistas que se reagrupaban en Perú.

Por su parte San Martín venía de consolidar las emancipaciones de Argentina y Chile, pero para hacerlo en Perú necesitaba el apoyo de Buenos Aires donde Rivadavia se negaba sistemáticamente a brindarla. San Martín creyó necesario el aunar esfuerzos con el líder del norte y se arregló el encuentro en la ciudad de Guayaquíl, pese al objetivo común que los movilizaba, los diferenciaban las tácticas a utilizar y el destino de las ex colonias.

De antemano ambos sabían que en el destino político y el tipo de administración de los territorios liberados radicaba su principal discrepancia, mientras San Martín, consciente de las dificultades de manejar un territorio tan extenso y multi racial, bregaba por la autodeterminación de los pueblos liberados y la formación de estados independientes que luego se reagruparan a su libre albedrío. Por su parte Bolívar temía que reinara la anarquía y prefería controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas.

Por ello dentro del misterio que rodeó a la reunión decidieron solo hablar de lo inmediato y necesario para eliminar la presencia realista que se reagrupaba en Perú. San Martín ya no se sentía respaldado por Buenos Aires y prefirió delegar en Bolívar el mando del nuevo ejército unificado, este le dijo que de ninguna manera iba a tener como subordinado y bajo su mando a un General de su talla, su heroísmo y foja de servicios.

San Martín le facilitó la decisión renunciando a todos sus cargos militares y administrativos, en una carta a O’Higgins le pide disculpas por no ser él quién culmine la obra empezada y culmina con un sincero resumen de su vida, «- Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles y mi edad media al de mi patria, creo que tengo el derecho de disponer de mi vejez». Finalmente en Diciembre de 1824, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre logran una victoria definitiva sobre las tropas realistas al vencer en la «Batalla de Ayacucho».

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