El ministro del Agro negó que Kulfas haya amenazado con limitar las exportaciones de yerba: “pidió una grilla de costos que justifique el aumento que reclama la industria”.

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El ministro del Agro de Misiones, Sebastián Oriozabala, participó de una conferencia virtual con el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, respecto de la cual se tejieron múltiples versiones. El tema a tratar era el pedido de la industria yerbatera de aumentar el precio del producto a salida de molino. El funcionario provincial afirmó que Kulfas pidió un análisis de costos pormenorizado para evaluar el pedido, consideró que el porcentaje de la suba pretendida por los molineros era excesivo, así como el aumento que hubo en los precios de la materia prima. Aclaró empero, que el diálogo siempre fue en un tono cordial y negó que el ministro de Producción haya amenazado con aplicar la Ley de Abastecimiento.

Ni bien terminada la reunión virtual de la que participó también el gobernador Oscar Herrera Ahuad y el presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Juan Szychowski, comenzaron a circular audios en los que algunos dirigentes yerbateros que no habían participado del encuentro, afirmaban que Kulfas había pedido al INYM que no permitiera que los productores siguieran vendiendo la materia prima por encima de los precios oficiales e incluso había amenazado con aplicar la Ley de Abastecimiento a efectos de cortar las exportaciones de yerba para reforzar el abastecimiento al mercado interno y aplanar los precios en las góndolas.

El ministro del Agro de Misiones, que sí participó de la reunión, aseguró que Kulfas en ningún momento amenazó con cortar o limitar las exportaciones de yerba y que solo mencionó la ley de abastecimiento de manera tangencial. Aseguró por el contrario, que el funcionario nacional no se mostró inflexible al pedido de los industriales de aumentar el precio de la yerba elaborada -regulado por el programa de Precios Máximos- aunque consideró que una suba de 25%, colo la que solicita la industria, resultaba excesiva en tiempos de pandemia.

«25% es mucho, encontremos un punto medio con una grilla de costos que podamos sostener para poder justificar un aumento», fueron los dichos del ministro nacional reproducidos por el funcionario provincial.

La tarea para el hogar que se llevaron los misioneros fue la de elaborar un análisis de costos, desde la producción, desde hoja hasta la salida del molino, que respalde el pedido de actualización de precios formulado por los industriales.

También se habló del aumento que se registró en los precios de la materia prima, principal argumento de los molineros para respaldar su pedido.

Como a cualquier observador que no esté al tanto de los pormenores del mundo yerbatero, Kulfas no encuentra razones lógicas para entender por qué el kilo de hoja verde se paga de 30 a 35 pesos a poco más de tres meses de que los representantes de toda la cadena yerbatera lo hayan fijado en 20 pesos en el marco de la última sesión de precios del INYM. Consideró que no había justificativo para un incremento de más de 50% en un lapso de tiempo en el que no hubo incrementos significativos en los costos de producción.

Sin embargo no hubo un pedido expreso para que el instituto yerbatero “planchara” los precios de la hoja verde y la yerba canchada, algo que por otra parte no estaría facultado a hacer ya que el INYM define valores mínimos, no máximos. Lo que sí planteó Kulfas fue su preocupación. De allí el pedido para que la grilla de costos también incluyera al eslabón de la producción, a efectos de verificar que no se estén produciendo distorsiones.

Dirigentes yerbateros como del diputado provincial, Julio Petterson, y el referente de APAM, Cristian Klingbeil, coincidieron en que la enorme diferencia que hay entre los precios de mercados y los acordados en la mesa del INYM no se debe a una maniobra especulativa de los productores sino que responde a que los valores oficiales ya estaban desactualizados en el momento que fueron acordados y ahora directamente son irreales.

Argumentan que debido a la inflexibilidad de los industriales y a la “poca fuerza” que ejercieron quienes representaron a los productores en esa negociación, se llegó a un acuerdo muy poco favorable para el sector productivo que resultó insostenible dadas las condiciones de oferta y demanda de materia prima.