«El crimen de Cuenca».

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El 20 de Agosto de 1910, en Tresjuncos, desaparecía José María Grimaldos López, lo que originó una de las páginas mas negras de la historia judicial española, ese día se escribía el primer capítulo de «El crimen de Cuenca». Grimaldos era un hombre pequeño y con problemas de aprendizaje que motivaba las crueles burlas de los vecinos entre los que se destacaban los íntimos amigos León Sánchez y Gregorio Valero.

La mañana del 20 de Agosto de 1910, Grimaldos vendió sus escasas pertenencias y no se lo volvió a ver, la familia radicó la denuncia y rápidamente se acusó a Sánchez y Valero de haberlo robado y asesinado. Basado en viejos relatos de Grimaldos, sobre los acosos de ambos vecinos se llevó a cabo un juicio que por supuesto, no prosperó. Ante la insistencia de la familia del desaparecido y el cambio de las autoridades judiciales se reabrió el caso, el nuevo juez, Emilio Isasa Echenique, ordenó la inmediata detención de Sánchez y Valero para ser interrogados. La guardia civil inició una interminable secuencia de interrogatorios donde los acusados eran salvajemente torturados y sometidos a indescriptibles vejaciones y maltratos.

Física y mentalmente doblegados, ambos acusados atormentados se rindieron y confesaron haberlo asesinado y ocultado el cuerpo. Pese a no existir el cadáver se los acusó de robarlo, golpearlo y enterrado, el jurado solo deliberó 30 minutos y ambos fueron condenados a 18 años de prisión por el crimen, la defensa apenas pudo evitar la pena de muerte por garrote. Valero fue llevado al penal de San Miguel de los Reyes y Sánchez al de Cartagena. Luego de 12 años de reclusión lograron una reducción de la pena y salieron en libertad en Julio de 1925. Solo 7 meses después, la parroquia de Tresjuncos recibió un pedido de la parroquia de Mira, solicitaban la partida de nacimiento de José María Grimaldos López, ya que este estaba por contraer matrimonio en dicha parroquia.

El cura, conocedor de la historia, retuvo el pedido y no lo hizo público mientras decidía que hacer, ante la demora el mismo Grimaldos, quien ignoraba los hechos, se presentó en Tresjuncos a reclamar el certificado. El pueblo quedó boquiabierto ante la presencia del «fantasma» y obligó a reabrir el caso, anular el acta de defunción de Grimaldos, revocar las condenas y remover a las autoridades judiciales responsables de semejante desatino. Sánchez y Valero, quienes vivían en la indigencia pasaron el resto de sus días en Madrid, ya que como compensación se les otorgó un cargo en el ayuntamiento. En 1979, la directora Pilar Miró realizó una brillante versión cinematográfica del hecho, aunque la censura retrasó el estreno hasta 1981.