Día del militante montonero

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Por Daniel Kaminszczik

“Si he de morir mañana sepan que cuando caiga, hermanos míos,
será de amor, no de bala, aunque me encuentren herido…”*

Huerque Mapu – “Cantata Montonera”

Fue por amor que a las 20 hs. de aquel 7 de septiembre de 1970, en plena dictadura, Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus dieron sus vidas en combate en el bar “La Rueda” de la localidad de Hurlingham.

Por amor a la Patria y al pueblo. Una Patria y un pueblo heridos por los bombardeos del 16 de junio de 1955 sobre la Plaza de Mayo, por los fusilamientos de Valle, Cogorno y otros en 1956, por la proscripción y exilio del Líder, por el secuestro del cadáver de la Abanderada de los Humildes.

Una Patria y un pueblo heridos por la dictadura sangrienta y entreguista de Onganía, los monopolios y la Sociedad Rural, por la persecución, encarcelamiento y tortura de dirigentes políticos y gremiales, por el hambre, por la miseria, por la desesperanza.

Fue por amor a esa Patria y a ese pueblo que cuando todas las puertas de salida estaban cerradas para los trabajadores y sus organizaciones, cuando la bota militar aplastaba al pueblo sumiéndolo en la angustia y la desesperación, Fernando y Gustavo, tomaron las armas. Por amor y en defensa de la Patria y el pueblo. Por eso vivieron y para eso murieron: Para que la Patria viva.

Hoy, a horas de cumplirse el 48º aniversario de su caída, la situación de los trabajadores y los excluidos no dista mucho de ser la de aquellos años. Cambiaron las formas de la opresión y hasta el medio de acceder al poder y conservarlo pero la represión, la explotación y el saqueo al que nos somete la antipatria son los mismos y la misma es la necesidad de unidad del pueblo para, una vez más, defender a la Patria.

Vaya entonces, con ese mismo amor, este homenaje a Fernando y Gustavo, los Compañeros cuyos nombres una generación entera alzó como bandera haciéndolos crecer en la lucha por la Liberación Nacional y la Patria Justa, Libre y Soberana.

Con amor y con la esperanza de que, salvando formas y métodos, las nuevas generaciones levanten nuevamente sus nombres y los de todos los caídos, poniendo, de una vez por todas, la mirada en el rumbo que nos conduzca a todos y todas a la victoria final.