Día del Estudiante Nicaragüense.

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El Día Nacional del Estudiante Nicaragüense fue oficializado mediante el decreto No. 1487 del 18 de julio de 1984, publicado en La Gaceta No. 153 del 10 de agosto del mismo año, en honor a las luchas del movimiento estudiantil universitario nicaragüense. La fecha fue elegida para conmemorar el asesinato de cuatro jóvenes estudiantes por fuerzas militares de la dictadura de Anastasio Somoza en 1959.

Estudiantes de todos los niveles de enseñanza en planteles, instituciones y universidades celebran su día. En tiempos de inestabilidad política en Nicaragua los estudiantes toman las calles reclamando justicia y cambio político. La masacre del 23 de julio de 1959 ocurrió en León, departamento de León, Nicaragua, cuando soldados de la Guardia Nacional comandados por el mayor J. Anastasio Ortiz dispararon con fusiles semiautomáticos M1 Garand contra una manifestación estudiantil, provocando la muerte de 4 estudiantes y más de 40 heridos.

La protesta era conocida como «desfile de los pelones», conformada sobretodo por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y estudiantes de secundaria del Instituto Nacional de Occidente (INO). Los estudiantes protestaban contra la Masacre de El Chaparral perpetrada el 22 de junio del mismo año en Honduras, en la que resultó herido Carlos Fonseca (futuro fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional – FSLN). Los estudiantes también exigían a la Guardia Nacional (GN) la liberación de varios estudiantes detenidos.

A 68 años de la Masacre del 23 de julio de 1959 en León, estudiantes nicaragüenses protestan en Managua en abril 2018 ante la fuerte represión de las fuerzas de seguridad del gobierno de Daniel Ortega. Los cuatro estudiantes asesinados el 23 de julio de 1959 en León fueron Sergio Saldaña, Mauricio Martínez, Erick Ramírez y José Rubí; conocidos también como Martires de 1959. Más tarde se convirtieron en un símbolo nicaragüense para las futuras generaciones estudiantiles y la lucha del pueblo por la libertad.

Varias personalidades políticas nicaragüenses como Sergio Ramírez Mercado, Alejandro Serrano Caldera, Joaquín Solís Piura y la Doctora Vilma Nuñez de Escorcia fueron sobrevivientes de la masacre. Protesta estudiantil en 2018 Algunas cosas no cambian. Los estudiantes dan la lucha mientras el gobierno de turno reprime las protestas para aferrarse al poder. Apenas hace unos meses se criticaba a los jóvenes estudiantes de Nicaragua de ser apáticos, insensibles y sin memoria tras 11 años del régimen autoritario de Daniel Ortega que había logrado controlar las universidades públicas y diezmado las libertades ciudadanas.

Pero la negligencia en el manejo de un incendio forestal y la amenaza contra las pensiones despertó una insurrección estudiantil en abril de 2018. El gobierno de Daniel Ortega impidió en abril el paso en la frontera a un grupo de al menos 40 bomberos costarricenses que se prestaban para sofocar un incendio en la reserva Indio Maíz, ante cuya negligencia gubernamental arrasó más de cinco mil hectáreas de bosque. Esto  enardeció a jóvenes universitarios nicaragüenses comprometidos con el ambiente que convocaron protestas en las calles de Managua.

La respuesta del gobierno de Ortega fue brutal, ordenando el uso de los fuerzas policiales antidisturbios y la Juventud Sandinista, colectivos lanzados a la calle para sofocar cualquier muestra de rebeldía. En solo tres días, 23 personas fueron asesinadas, la mayoría de ellos, estudiantes. Un par de días después de sofocado el movimiento ambientalista, Daniel Ortega decretó sin consulta preevia una reforma del sistema de Seguridad Social en Nicaragua, que se encontraba al borde de la quiebra tras 10 años de la mala administración de su propio gobierno.

Pero la reforma no fue consensuada con la empresa privada, que también tomó distancia de Ortega tras 11 años de complacencia con el régimen. Para julio de 2018 las razones de las protestas en Nicaragua ya eran diferentes. La dura represión a las manifestaciones y el descontento que arrastraba la población después de once años del Gobierno de Ortega derivó en una oleada de protestas pidiendo su renuncia, con el movimiento estudiantil en el epicentro. Los estudiantes también exigen justicia para los asesinatos ocurridos durante las protestas, que para julio se estimaba en 351 fallecidos