Chaco: Real Historia de Indios

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Concepción de Nuestra Señora de la Buena Esperanza del Río Bermejo. Fundada en 1585 y destruida en 1631  fue la primera ciudad del Chaco. Estuvo habitada por un poco menos de 100 vecinos que se dedicaron a la agricultura mediante mano de obra explotada del indio, causa de su destrucción. Su población estuvo compuesta por indígenas, españoles y criollos que formaban familias.

De la unión de una paraguaya y del encomendero Cerqueira nació Gaspar Cerqueira, que años más tarde ingresó a la Compañía de Jesús, estudió en Córdoba y se consagró sacerdote. El Padre Gaspar en 1641 junto con el Padre Juan Pastor salieron a pie desde Santiago del Estero hasta Matará en la misma Santiago, donde se informó de la vida y costumbres de los abipones mediante el idioma Tonocoté.

Dr. Raúl Osvaldo Coronel
Abogado Mat.764 STJ Chaco
Especialista en Evaluaciones Ambientales

Luego pasaron a las tolderías de las costas del río Bermejo haciendo saber sus intenciones pacíficas y fueron recibidos con amistad y confianza. Allí levantaron una cruz de palma y montaron un rústico altar celebrando la Santa Misa. Evangelizaron en la pobreza, el Padre Cerqueira predicó en lengua tonocoté y abipona hasta julio de 1664 junto al Padre Juan Pastor y luego viajó a Roma. La calle 3 en Resistencia que corre al S desde Av. 25 de Mayo, lleva su nombre.

Socorros a Concepción, corrupción y cuatrerismo.

 Enfermó Juan de Garay y  Pedro Esteban Dávila gobernador de Buenos Aires dispuso su reemplazo por Gonzalo de Carbajal que salió a castigar indios con 30 soldados y hombres de Garay. Enterado de los refugiados en Corrientes, paso a esta ciudad y dio parte Dávila que no le contestó en 22 días, decidió pasar al Valle Calchaquí donde acampaban las tropas de Garay, para luego hacer la entrada hasta el Río Bermejo.

Carbajal no pudo hacer la campaña por ser época de lluvias resolviendo invernar en Santa Fe. Informó a Dávila tales hechos y solicitó autorización para entrar en primavera, pero recibió órdenes de bajar a Buenos Aires. Aquí comprobó los preparativos y equipamiento de un ejército a las órdenes del mismo Dávila para la expedición de socorro. El Cabildo no lo autorizó el 27 de junio de 1633 y resolvió que su hijo mandara la expedición.

Pedro Dávila Henríquez de Guzmán el “mocito”, marchó a socorrer Concepción con 40 hombres,  pasó por Santa Fe e incorporó tropa. Regresó dos años más tarde en 1636, sólo se limitó a juntar con sus milicias 40.000 cabezas de ganado cimarrón que había sido de Concepción y vendió en Santa Fe para beneficio propio. El alguacil mayor Francisco González Pacheco, lo acuso del hecho y más tarde fue condenado.  Se preparó  entonces nuevamente el Gobernador Dávila para arremeter contra los indígenas y repoblar Concepción, pero el Cabildo no lo autorizó, se temía un ataque holandés a Buenos Aires. Esto ocurrió el 24 de marzo de 1636.

Se hizo cargo el Capitán Amador Báez de Alpoín que salió con 20 hombres y tropas de Santa Fe y Corrientes, de Juan de Garay y otras pero sin resultado alguno nuevamente. Finalmente España mediante Cédula Real de 1645 disolvió el Cabildo de Concepción y declaró vecinos de Corrientes a la población transitoria. Los indios guácaras hicieron pueblo en Corrientes y los mataraes se reencontraron con sus pares en Santiago del Estero.

Abipones en esos años.

El Jesuita Alonso de Barzana en 1594 dijo que fueron los primeros que se les presentaron cuando vino al Chaco, que estas naciones servían a los españoles en Concepción, Corrientes y Asunción. Que pudieron traducir sus lenguas que les facilitó la promoción humana. Que hacían sus asentamientos a dos leguas del poblado para atacarlas día y noche.

Sus casas las hacían de esteras para llevarlas donde se mudaban junto al abipón principal que los mandaba y obedecían en la guerra, de corazón  guerreros. En la paz vivían de la pesca y caza en lagunas cargadas de peces al crecer el río Bermejo. Sus diversiones eran los bailes gran parte del año y su bebida de la algarroba que preparaban las  ancianas.

El Padre Nicolás Du Toict, francés bautizado “Techo”, estuvo entre 1649/1680, contó que sus armas eran palos cubiertos de quijadas de pescado que parecían serruchos, flechas con el arco y del cuello les colgaba la macana. Andaban desnudos y engrasados para aterrar al enemigo. Se ponían overos de andar al sol, un cuerpo traspasado con plumas de avestruz, que introducían en narices, labios y orejas, como si estuviesen por volar.

El Jesuita Pedro Lozano (1697/1752) reconoció que en torno a Concepción había más de 100.000 abipones que para salir  a la guerra se punzaban la lengua, con sangre y carbón se untaban todo el cuerpo que les inspiraba fortaleza para destruir todo sin piedad. Creían en la inmortalidad del alma, que al morir iban a una tierra de sumos deleites, donde danzaban y se bebía a gusto con felicidad, siendo los más numerosos y de más valores en el Chaco.

El Jesuita José Jolis fue doctrinero de las reducciones de Vilelas en el Chaco año 1767. Admite la división de Abipones en tres parcialidades y como de 8.000 almas alrededor de la destruida Concepción. Que la extinción de estos indios se debía tanto al maltrato de los encomenderos, las pestes y a las continuas guerras.

El Jesuita Martin Dobrizhoffer doctrinero hasta 1767 dijo que los abipones son de formas nobles, rostro hermoso, de color blanco o trigueños que se oscurece de andar al sol. De ojos son negros y hundidos, ven con mayor agudeza porque mujeres y hombres se quitan las cejas y pestañas para ver mejor. Lucen dientes blancos y casi todos llevan dentadura hasta la muerte. Abundante cabellera negra pero carecen de barba y llevan un mentón pelado, raramente encanecen o quedan calvos. Envejecen a edad avanzada, robustos y de proporcionada conformación los demás miembros. Aventajan a los demás pueblos por su forma, estatura, vigor, salud, vivacidad, son fuertes, musculosos y ágiles.

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