«Batalla de Falkirk».

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El 22 de Julio de 1298, en el marco de la primera guerra por la independencia de Escocia, en pleno corazón de su territorio, el rebelde William Wallace era derrotado por las tropas inglesas al mando de su rey Eduardo I, en la recordada como «Batalla de Falkirk». La primera guerra por la independencia escocesa parecía inclinarse hacia el bando de William Wallace, en 1297, mientras el rey Eduardo I se encontraba luchando contra el rey francés Felipe IV por el control de la región de Flandes, el líder escocés había derrotado aplastantemente a las tropas inglesas en la «Batalla de Stirling Bridge».

Mientras que a Wallace se lo nombró «Lord protector de los designios de Escocia», Eduardo I, tuvo que gestionar una tregua con el rey francés para redireccionar sus fuerzas a controlar la insurrección interna. Eduardo I convocó a todos los nobles escoceses para que expresaran su fidelidad a la corona, pero confiados en Wallace ninguno asistió, de inmediato fueron condenados en ausencia como traidores. El 25 de junio las fuerzas reales se reunieron en Roxburgh, ver las formaciones era imponente, 3 mil caballeros, 4 mil soldados de caballería ligera, 7 mil lanceros de infantería, 500 mercenarios gascones y 5 mil galeses con arcos de largo alcance. Partieron rumbo al norte a principios de julio, pero se encontraron con una sorpresa, Wallace había empleado la táctica de «Tierra quemada», no había ganado, ni cereales, ni hortalizas, ni siquiera árboles, todo había sido quemado u destrozado.

Esta complicación hizo que el avance se retrasara, los víveres transportados no alcanzaban para todos y empezaros algunas deserciones y peleas internas por los escasos alimentos. William Wallace se estableció en el bosque de Callendar, próximo a la llanura de Falkirk, desde allí cubriría la llegada de las tropas de Eduardo I y una posible retirada, además en la ruta hacia el bosque, las tropas reales debían atravesar un pantano disimulado por la vegetación. El 22 de Julio de 1298 las tropas reales llegaron a Falkirk, los escoceses salieron del bosque, los 8 mil lanceros se formaron en 4 grupos de erizo, en el espacio entre ellos se colocaron unos 1500 arqueros y detrás de ellos, pegados al bosque los escasos 500 jinetes. El pantano lejos de complicar el avance de los ingleses les proporcionó una táctica espontánea, la numerosa caballería se separó en dos flancos, que atacaron por los lados a la formación escocesa.

Por su disposición de 4 erizos en línea las fuerzas de Wallace estaban desperdiciando la mitad de sus lanceros ya que las dos formaciones centrales no estaban siendo atacadas pero no se involucraban en defensa de los dos grupos laterales que fueron masacrados en pocos minutos, la caballería escocesa compuesta por caballeros y nobles abandonó cobardemente el campo de batalla. Los lanceros escoceses que quedaron solos en el medio del campo fueron alcanzados por una lluvia de flechas, esto hizo que cuando Eduardo I llegara a la batalla, esta ya estaba definida. Pese a que los escoceses huían hacia el norte, Wallace entre ellos, Eduardo I, también se retiró pero por donde había venido, no necesitaba ocupar el terreno y exponerse a un contra ataque, había vencido a Wallace y demostrado que era falible.